Haciendo amigos

¿Haciendo amigos?

No tengo la impresión de que el debate, la discrepancia, el espíritu crítico o el pensamiento libre sean valores socialmente reconocidos. Ni siquiera tolerados. Pero es lo único que tenemos para enfrentarnos al pensamiento único, a la versión oficial, a la presión social inducida por el poder, a los medios de comunicación sometidos, a la intelectualidad de pesebre, a los baboseantes afectos al régimen, al caciquismo de tractor o de mercedes ...

Este blog es un órgano de expresión personal que va más allá del subjetivismo y que tan sólo pretende aflorar una opinión, una sensación, un comentario ante retazos de la realidad que cada día pasan ante mis ojos.

¿Hacer amigos? Seguro que no es un blog que no rehúye polémica alguna el medio más adecuado para ello.

martes, 19 de noviembre de 2019

El mito de la Libertad de expresión


De vetos, censuras, ostracismo, libertades de pensamiento y expresión, y demás mitología.

Punto 1.- Afirmaciones incontestables (Perogrullo me guía)
La libertad de pensamiento es absoluta.  No tiene límites, independientemente del entorno del / de la librepensador/a. Dictaduras  militares, teocracias, democracias “burguesas” o socialismos reales aún no han descubierto la fórmula de leer las mentes (sí de manipularlas, ojo) con lo cual es difícil encausar a alguien por pensar de manera desafecta al régimen que se trate. En suma, piensa con la boca cerrada y no digas ni hagas nada. Esto es lo que no debieron tener en cuenta los independentistas catalanes a los que , al igual que a otros pensadores/as de otras tendencias, se les ha dicho por activa y por pasiva que pueden, en esta democracia tan cool del 78, pensar lo que quieran, siempre y cuando no digan nada demasiado alto (las formas,¡ Ay, las formas…!) y, por supuesto, aún menos, que no hagan nada para plasmar en la realidad sus pensamientos. 
Y es que, recordémoslo, la única persona que en estos regímenes políticos no es sospechosa es aquella que es ya reo.

Punto 2.- Con unas gotas de pedantería iniciales.
Para que la comunicación (objetivo sine qua non la expresión queda huérfana de sentido) se dé es preciso que haya un ente emisor y otro receptor; singulares o plurales. Y, además, uno (o varios) canales de comunicación.
Yo no termino de creerme eso del foro y la polis. Queda muy mono eso de construir el foro con las medidas dadas por la potencia de voz del ciudadano (hombre y libre por supuesto, que eso de esclavos y mujeres debe estar reñido con la democracia), pero algo me chirría.

Lo que tengo claro que el canal de una persona que quiera transmitir es, en primer lugar, su voz y, luego, otros canales tan precarios como el primero. Lo que pueda imprimir, lo que pueda fotocopiar, y muy poco más. Eso de las redes sociales, eso del internet y añadidos no son sino canales que, cuando el poder diga, se apagan a las primeras de cambio (que se lo pregunten al TSUNAMI catalán).  Y lo que resulta evidente es que, a pesar de intentos loables, que los hay, el medio internet es de  menor penetración en el mundo de la información, no pudiendo competir con  prensa ni  radio ni TV tradicionales. Y no nos engañemos.

Por otra parte los últimos medios citados no tienen línea editorial. Tienen junta de accionistas y cuenta de resultados, y a ellos se deben. Han optado por la pluralidad entendiendo ésta no por confrontación de pareceres o informaciones, sino por pluralidad que se traduce en puntos de audiencia ; no se puede entender de otra manera la  entrevista a Francis(co) Franco, o los debates electorales presentados cual combate de gladiadores (o gladiadoras, que también se prestaron a ello) a mayor gloria del espectáculo y el share.
¡Es el canal, idiota, es el canal!  ¿O era la economía?


Punto 3.- Las batallitas del abuelo Neofato. De subjetividades y notas autobiográficas.
Corría el año 1977 (¿O 78, quizás?). Yo era un estudiante universitario de un pomposamente denominado Plan 71 experimental de Profesorado de EGB y realizaba mis últimas prácticas de la carrera en un centro público de Lasarte. Una época especialmente conflictiva (Antonio Muñoz Molina que estaba haciendo la mili en los cercanos cuarteles de Loyola lo plasmó en su “Ardor Guerrero”), con la legalización reciente de la ikurriña y la medrosa costumbre de presentarla siempre en colegios y demás lugares de trascendencia pública acompañada de la rojigualda (por si acaso), con una de tantas huelgas en la enseñanza (“No os olvidéis de colocar en la tabla reivindicativa “Mejora de la calidad de la enseñanza”, compañeros) y el conflicto laboral en ATC (Aplicaciones Técnicas del Caucho), empresa de Lasarte-Oria que constituyó una auténtica fuente de enseñanza para muchos recién llegados a la mayoría de edad.
Pues bien, mi primer contacto con la censura fue en ese colegio donde, tras encargarme la dirección de un grupo de alumnos que debían elaborar un trabajo acerca de contaminación en el entorno (fotos y textos que les llevaron más de una semana) se encontraron con la sorpresa de que su trabajo fue publicado en el diario escolar , pero mutilado. Había una parte acerca de eliminación de escombros de una obra cercana que el director del centro consideró inapropiada su publicación. ¿Por qué? Afectaba a los intereses de ampliación del centro.
El pedir explicaciones a este personaje, que encarnaba la progresía del magisterio del momento, fue inútil. Como lo sigue siendo ahora en sucesos similares.
No me resisto a terminar este párrafo sin mencionar (por todo lo que de ilustrativo de la época tiene) una curiosa forma de entender feminismo y sexualidad que este hombre proclamaba, las más de las veces sin que se le pidiera autorizada sentencia. Aseguraba el censor que esto del derecho al orgasmo femenino (recordemos: años setenta y muchos, Natalia Estrada, LIB…) no lo tenía claro, porque equivalía a una heroica , entregada y sacrificada dedicación masculina. Progresía de censura y bragueta que, años más tarde (en el 82, sí, en el 82) coparían los cargos públicos (públicos?) y políticos de una administración que empezaba a generar sus propios cánceres.

Y la última. Esta vez era en el año 2019. Reportaje diario acerca del devenir de una actividad de carácter voluntario-profesional. En determinado momento, el director de dicha actividad me dice que debo quitar unas fotos publicadas.
¿Por qué? Las considera "inapropiadas". Sin mayores explicaciones. Y, que , si no lo hago, no haré ninguna foto más en su reino de taifas.
Así que chao. Posteriormente, y comentando las fotos con algún que otro colega de profesión del susodicho, me advierte que no me coma el coco; que buena parte de mis fotos lo que consigue es dejar en evidencia la escasa profesionalidad de los actores. Y eso jode, aún más cuando se habla desde un altar. En fin, material para mis memorias.

Pero entre el profesional del progresismo setentero y sus contradicciones , y el censor, endiosado juez de moralidades gráficas,  de facebooks ajenos han pasado muchos ejemplares del bestiario liberticida. Y siempre bajo diferentes caretas y múltiples excusas.
Lo dicho: todo material para memorias, para cuando pueda permitirme el lujo de retomar notas, consultar agendas y desempolvar historias. Y, supongo, para cuando mi economía pueda responder alguna que otra demanda, que la piel de los/as  censores/as suele ser extremadamente fina.




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